De esperanzas y temores

¿Qué va a pasar luego de la demolición de la Casa Derbes?

De esperanzas y temores

A 15 días de la brutal demolición de la Casa Derbes, aún no nos hemos enterado oficialmente de quienes son los responsables de tamaña afrenta a la ciudad. El sospechoso manto de silencio de funcionarios y medios de difusión amigos del poder municipal, abonan las teorías más disparatadas de alianza entre quienes demolieron y quienes tienen la obligación de proteger lo que se demolió.

La Comunidad se expresó clara y contundentemente, sin necesidad de bombos ni corte de calles, condenando una acción de tamaña prepotencia que provoco un daño irreparable en la historia de nuestra ciudad.

Presumir de madrynense y callar ante un mayúsculo atropello al patrimonio histórico de Madryn es por lo menos indigno para quienes tenemos un real compromiso y sentido de pertenencia con el lugar en que vivimos.

Ese silencio también desnuda que la transparencia y participación que supuestamente caracterizan a nuestros órganos de gobierno municipal –según se difunde machaconamente a través de la publicidad oficial- es una flagrante mentira.

Tengo esperanzas todavía de ver actuar a nuestro Intendente y a nuestros Concejales en funciones y también asumir un compromiso concreto de los electos en defensa de nuestro patrimonio.

Tengo la esperanza de que las gestiones que correspondan llevarse adelante por esta cuestión tengan la transparencia que dice la publicidad oficial que tienen sus actuaciones.

Tengo la esperanza que el daño provocado pueda repararse en la mayor medida posible.

Tengo la esperanza que el 3 de agosto resulte una fecha bisagra en la consideración de nuestro patrimonio histórico y que las actuales autoridades sean recordadas por sentar las bases para una protección real del patrimonio y no por su destrucción más miserable.

Pero al mismo tiempo tengo el temor que se consolide la  versión madrynense de la viveza criolla moviéndose en las sombras, corporativamente, haciendo negocios donde no corresponde, a espaldas de los vecinos, comprando voluntades y  extorsionando como mecanismo de convencimiento.

Tengo el temor que las mezquindades, envidias y bajezas dominen la escena pública en Madryn. Que se renuncie a los valores y principios de los pioneros madrynenses que nos han legado el Madryn que hoy vivimos.

Si así fuera, la decadencia será nuestro destino y le habremos dejado a las futuras generaciones solo ignorancia y corrupción. Nos habrá ganado la mayor pobreza que existe. La pobreza moral.

Pero como dice el refrán popular, la esperanza es lo último que se pierde.

 

 

 


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