“No se puede llegar a pie a lugares donde no se llega caminando”

(Comentarios políticamente incorrectos de la realidad chubutense)

“No se puede llegar a pie a lugares donde no se llega caminando”

  La frase atribuida a Bertold Brecht refleja muy bien –en mi opinión- la moraleja de los acontecimientos que tienen lugar en nuestra provincia en los últimos meses donde cortes de rutas, quemas de neumáticos, tomas “pacificas” de edificios públicos (¿existen tomas pacificas?), marchas por las calles, acampes y cantidad de otras acciones de “lucha” (algunas muy creativas, sin duda) se sucedieron complicando el normal funcionamiento de la vida social y económica de los chubutenses.

Esta fuera de esta discusión que la situación se origina en la incapacidad de nuestros políticos de turno en administrar los dineros públicos que aportamos todos los contribuyentes (aunque poco y nada es lo que recibimos como devolución y mucho menos explicaciones de cómo se gasta nuestro dinero).

Pero también es cierto que todas aquellas acciones de “lucha” no solo fueron inútiles para el fin pretendido (cobrar los sueldos con los incrementos prometidos en tiempo y forma) sino que le complicaron la vida al resto de los chubutenses con el argumento de “visibilizar” el conflicto. Muy bien, lo vimos todos los chubutenses (y el país entero) hace rato, ¿y entonces?

Hoy el mundo tiene otros mecanismos para resolver conflictos entre partes muy diferentes a aquellos nos gusta imitar de los años ‘60 o ‘70. Muy valorados…pero de otros tiempos.  

En un análisis desapasionado de los acontecimientos surge claramente que los docentes más tarde o más temprano cobraran sus sueldos con el incremento comprometido (y ahora parece que también con intereses), pero todos sabemos que las clases perdidas no se recuperaran y que la “recuperación de los contenidos” es un cuento sin intereses. ¿O los docentes van a dar clases durante todo el verano?

Los chicos chubutenses serán un poco más ignorantes que los pobres resultados obtenidos en las poco conocidas evaluaciones que los sitúan cada vez más atrás en los indicadores de calidad educativa en las escuelas públicas (que los que “luchan” dicen defender).

Pero tal vez más grave resulta el mensaje que reciben en cuanto a que para defender derechos todo vale, incluso la prepotencia, la violencia, la extorsión pública (¿que es sino una extorsión a la Comunidad un corte de rutas?).

También surge del análisis desapasionado que muchos de los empleados públicos “en lucha” tienen sueldos que superan largamente a empleados de la actividad privada con cargas laborales de mayor horario y mientras tanto nuestros diputados tanto oficialistas como de la oposición –muchos solidarios con “la lucha”- seguirán cobrando sueldos superiores a cualquier gerente o empleado jerarquizado de la actividad privada con responsabilidades REALES muy superiores y cuya ineficiencia les acarrea sin duda el despido. Nuestros políticos nunca tienen ese riesgo. ¿O Ud conoce a algún político que haya perdido su puesto por mal desempeño? Por supuesto la llegada de los incrementos prometidos también los alcanzaran.

¿O Usted escucho a algunos de ellos solidarizarse con los contribuyentes y no incrementar su sueldo?

El Estado es necesario. Es quien asegura los servicios públicos de calidad y a valores razonables, es quien orienta las inversiones públicas y establece unas reglas de juego para que la Comunidad pueda crecer y desarrollarse. Y todo ello lo hace con el dinero que le aportamos los contribuyentes. Por ello la primera condición del buen político es ser un buen administrador. Como Ud en su casa o mejor aún, porque está administrando dineros que no son suyos. Y para ello debe contar con el personal mejor preparado, el más idóneo. Pero la realidad nos dice que nada de ello ocurre.

No hay ninguna duda que gran parte de la mala administración de nuestros políticos radica en la vergonzosa costumbre de cargarse de punteros políticos, amigos y familiares (total no los pagan ellos sino los contribuyentes). Ellos se mudan de cargo (rara vez abandonan la política. Les gusta llamarse “políticos de raza”), pero la carga queda.

Con el correr del tiempo el Estado se convierte en una estructura carísima e ineficiente. Los gremios estatales -otrora puntales en la defensa del empleado de carrera-, debieran frenar esa vergonzosa costumbre que sin duda atenta con la calidad del trabajo del buen empleado público y que como consecuencia indirecta les resta dinero a sus sueldos (no es lo mismo repartir la misma masa salarial entre 65.000 empleados que entre 20.000).

Pero los gremios lo toleran y en gran medida lo alientan para colocar también a sus amigos en el Estado. Parece ser que solo les importa que crezcan sus sueldos y las prebendas que reciben del gobernante de turno. ¿O será que les interesa sumar afiliados para sumar la recaudación de la cuota sindical? 

Peor aún. Su “solución” es incrementar los aporte de los contribuyentes para seguir…siendo un poco más grande y un poco más ineficiente al Estado, pero al mismo tiempo (aunque no lo digan) manejar un poco más de plata. Que para su visión del mundo es tener más poder. ¡Caramba, que coincidencia! También nuestros políticos tienen la misma visión

Y sin ponerse colorados piden que les paguen los días que no trabajaron.

Claro con dineros que aportamos los contribuyentes…para recibir servicios de calidad y no para ser distribuidos como botín de guerra.

Por este camino no hay duda que nunca llegaremos al lugar de excelencia que pretendemos para nosotros y las generaciones venideras.

Nuestros funcionarios políticos, legisladores y gremialistas van marchando a pie a un lugar donde no se llega a caminando…con nuestro dinero.

 


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