La dulzura del agua de mar

En nuestros días la extorsión ha reemplazado a los principios y valores de la razón para imponer una conducta social determinada. El ACUERDO SOCIAL para la convivencia ya no es más un resultado del diálogo y el consenso sino que es consecuencia de una imposición extorsiva.

La dulzura del agua de mar

En nuestros días la extorsión ha reemplazado a los principios y valores de la razón para imponer una conducta social determinada. El acuerdo social para la convivencia ya no es más un resultado del diálogo y el consenso sino que es consecuencia de una imposición extorsiva.

La superación de los conflictos ya no se logra con propuestas donde todas las partes ganan, sino “luchando” unas para “derrotar” a otras. Y aún peor, hay conflictos que nunca se superan y todos pierden. Todos perdemos. La educación en Chubut es un claro ejemplo.

Como nunca antes se ha instaurado la filosofía marxista. Pero  no me refiero a Carlos Marx sino a Groucho Marx, el humorista aquel que decía: “estos son mis principios, si no le gustan…los cambio”. El acomodo, el oportunismo están a la orden del día. Todo sirve para lograr…una pequeña ventaja personal, que puede ser económica, política o simplemente para afirmar una alicaída personalidad u ocultar una bajeza moral.

No importa lo que está bien o está mal. Solo importa si a mí me sirve o no para… ¿para qué?... para tener una pequeñísima parcelita de poder hoy, aquí y ahora. Sin darnos cuenta que el aquí y ahora no tiene futuro. Y tampoco tiene plural.

Después de siglos de evolución, habíamos aprendido que ningún fin justifica los medios. Nunca fines nobles pueden ser alcanzados con medios espurios. Aprenderlo le llevo a la humanidad millones de muertos. Sin embargo la cotidianeidad de nuestra vida social nos dice lo contrario: cualquier medio sirve para lograr nuestro fin (no el fin plural, sino el fin chiquito, el nuestro, el de los piolas, el de unos pocos).

Y de pronto, nos damos cuenta que estamos rodeados de comportamientos extorsivos. Servicoop extorsiona desde hace años a los desarrolladores inmobiliarios obligando a ejecutarle gratis obras para cubrir su atraso en infraestructura bajo la amenaza no brindarle el servicio público, los gremios mandan a sus afiliados a cortar calles y rutas, a quemar cubiertas y tomar edificios para perjudicar a los vecinos buscando que presionen a quienes les pagan para que les aumenten el sueldo, las ordenanzas que rigen nuestra vida de relación social se aprueban no por buenas sino por “convenientes”, por cambio de favores y si fueran controvertidas mejor aprobarlas “entre gallos y medianoche”. La estrategia del tero es lo más destacado de este nuevo pensamiento “inteligente y políticamente correcto.” Claro, siempre declamando hipócritamente ser “democráticos, transparentes y participativos”.

Tener razón y convencer con argumentos basados en el conocimiento profesional es mal visto. En cambio, por encima de la honestidad y la inteligencia prevalece la amenaza de producir un perjuicio patrimonial (y  a veces personal) a quien tiene la mala idea de tener pensamiento propio, no alineado.

Ministerios, direcciones, secretarias y multitud de otras designaciones de gobiernos son repartidas como botín de guerra y funcionan como un dique de contención a las ideas que buscan generar cambios superadores. Nada se puede cambiar. Se consolida la mediocridad. La irracionalidad domina toda la escena.  Hacer bien la tarea no importa. Tampoco medir el resultado de nuestras acciones. Solo vale el autobombo, el reparto y la cosecha de favores. Y por supuesto se naturaliza el castigo al que expresa su pensamiento crítico. ¡Qué vivos que somos!

El fortalecimiento de esta práctica de la extorsión como generadora de conducta social ya muestra una escalada de la agresividad social, una incapacidad creciente en la resolución de los conflictos, un desperdicio de recursos públicos y privados, un desaliento en la búsqueda de mayor calidad de vida para nuestra Comunidad y fundamentalmente un engañoso mensaje que premia al sumiso y castiga a quien busca mejorar nuestra calidad humana.

Pero al mismo tiempo esa práctica nos conduce lentamente a un mundo delirante, al mundo del revés de Maria Elena Walch donde nada el pájaro y vuela el pez. No sería de extrañar que en poco tiempo, nuestros concejales declaren de interés municipal la dulzura del agua de mar de nuestro golfo (porque es “políticamente correcto” aunque todos sabemos que el agua de nuestro golfo es salada).


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