El “incorrecto” acceso a la tierra y la vivienda en el Madryn histórico

Los comentarios que siguen a continuación me surgen del ejemplo de mi abuelo Jaime, de mi padre Enrique y de tantos otros pioneros que construyeron esta ciudad con honestidad, trabajo, ahorro y esfuerzo propio guiados con claras y sencillas reglas de convivencia y urbanidad.

El “incorrecto” acceso a la tierra y la vivienda en el Madryn histórico

Cito el ejemplo de mi abuelo pero en él incluyo a tantos y tantos otros. Llegó a Madryn antes de haber cumplido los 20 años con lo puesto.

Y trabajó. Y alquiló donde pudo. Sólo al principio y con familia a cuestas después.

Y ahorro. Y luego compró a la Porth Madryn & Co. un terreno en la actual calle 25 de mayo entre Sarmiento y Gales, por entonces una zona de médanos fuera del pueblo. Y lo pago en cuotas y con mucho esfuerzo. 

Por aquellos años, el club Madryn tenía en venta una construcción de chapa y madera en el cruce de las actuales calles  Belgrano y San Martin que Jaime pudo comprar tiempo después y  trasladarla a su terreno en 5 partes, sobre rieles del ferrocarril y tirado por caballos, tarea que demando varios días de trabajo.  

Ubico la construcción –ahora destinada a ser su vivienda- sobre el tercio posterior de la medianera Sur, con una galería abierta al Este y al Norte.

Tierra y vivienda propia. Logro producto de su esfuerzo, trabajo y ahorro. ¡Nada más digno!   

Ya próximo a jubilarse construyo sobre el frente del terreno (siempre apoyado en la medianera Sur) su nueva casa. Con sus ahorros, por supuesto.

La casa de chapa y madera con galería al Este y al Norte la ocupo mi padre y en ella tuve el gusto de vivir hasta los 14 años, cuando mi padre compra con sus ahorros una nueva casa a 2 cuadras de la anterior.

También mis tíos lograron acceder a terrenos y vivienda con sus propios esfuerzos y ahorros.

Años después también yo puedo acceder a un terreno (con ahorros propios y ayuda de mi padre, claro) y luego construir mi casa.  

No hay duda que en términos de resultado en cuanto al acceso a la tierra y la vivienda, la historia que acabo de contar ha sido exitosa completamente. Y en el origen Jaime no contaba con más recursos que cualquiera que hoy llega a nuestra ciudad.  

Por supuesto que esta historia se repite con tantos y tantos otros pioneros madrynenses, cuyas historias son similares o más contundentes.

Sin embargo, este ejemplo hoy no se reconoce como conducta social virtuosa. En cambio lo que se reclama – en general muy agresivamente- es que el trabajo, el terreno y la vivienda lo debe proveer el Estado y la persona solo debe reclamar (y luchar –si rompe bienes público más luchador es-) para obtener ese beneficio.

Es evidente que para nuestros políticos es “incorrecto” acceder a tierra y vivienda con aquellas herramientas tan sencillas como trabajo, ahorro, honestidad, esfuerzo personal.

Por supuesto también es evidente que les seduce tener cautivos a sus votantes, aunque sea solo con promesas de tierra y vivienda o usando (nuestros) dineros públicos para construir viviendas mínimas -pero caras-, donde el “beneficiario” no decide nada de su vivienda ni del lugar donde le imponen vivir.

Me pregunto ¿qué habrá cambiado centralmente para olvidarnos de estos valores?   

Tal vez hemos perdido aquello del “no robaras y vivirás del sudor de tu frente” y quien se desviaba de ese rumbo cosechaba un vacío social que en algunos casos le obligaban a trasladarse a vivir a otra ciudad.

Y también me pregunto ¿qué animaba a nuestros pioneros en esta nueva tierra?

Tal vez ese deseo incontenible de esforzarse para ser mejores.

Cuando mi abuelo Jaime y su hermano Enrique con 16 y 11 años se embarcan en el puerto de Barcelona con destino a la Argentina, no contaban con el dinero para los 2 pasajes. Finalmente Enrique viaja de polizón en la bodega del barco.

Sin embargo, su abuelo Pedro le incluyo entre las pocas pertenencias que traían una enciclopedia para aprender matemáticas, con la cual Jaime intento explicarme la lógica de los “quebrados” (así le llamaba a las fracciones de los números) en mi edad escolar.

¿Será esa pequeña diferencia, la GRAN diferencia?  

 


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