Pensar la ciudad. Puntos claves para trazar un plan

¿Por qué Madryn creció hacia el Oeste, alejado del mar, sobre tierras bajas, inundables, sin mayor atractivo natural y sin diseño urbano? ¿Cuándo los madrynenses renunciamos a vivir a orillas del Golfo Nuevo?

Pensar la ciudad. Puntos claves para trazar un plan

¿Por qué Madryn creció hacia el Oeste, alejado del mar, sobre tierras bajas, inundables, sin mayor atractivo natural y sin diseño urbano?
¿Cuándo los madrynenses renunciamos a vivir a orillas del Golfo Nuevo?
¿Por qué Madryn crece apretado con parcelas de 10 x 20 y calles con calzadas de apenas 9 metros? ¿Por qué abandonamos los sabios criterios del trazado original del Ingeniero Allan Lea con calles de 20 metros de ancho y calzadas de 14, con manzanas regulares de 100 x 100 metros, con parcelas de 15 x 50 y 20 x50 metros?
¿Por qué solo ocupamos unos 10 kilómetros de costa, incluyendo el puerto, cuando nuestro territorio municipal tiene 60 kilómetros de extensión sobre el Golfo Nuevo? ¿Por qué renunciamos a ocupar la cantidad de espacios de belleza natural que nos ofrece la topografía de nuestro territorio?
¿Por qué nuestros parques industriales son áreas abandonadas cuando miles de madrynenses pasan en esos lugares miles de horas de trabajo productivo? 
¿Por qué aceptamos, como algo natural, el deterioro ambiental producto del polvo en suspensión que se genera por miles de cuadras sin pavimento mientras no cuestionamos las limitaciones absurdas que se imponen bajo el nombre de áreas protegidas?  

Si Ud. cree –como yo- que estos interrogantes son consecuencia de erradas decisiones de nuestros políticos en los últimos quince años, vamos a coincidir que necesitamos un plan para nuestra Ciudad, un plan verdaderamente ambiental, apropiado a nuestro territorio, a nuestro clima y a nuestro modo de vivir.   Para sentar las bases del nuevo plan, hay que reconocer el territorio donde vivimos:
Puerto Madryn está localizada en la mayor planicie del litoral del Golfo Nuevo, extendida sobre unos 60 kilómetros de borde marítimo con un relieve topográfíco que desciende desde los 130 metros de altura del último escalón de la meseta patagónica al mar. Esta conformación le confiere a nuestro territorio una característica de gigantesco anfiteatro al Golfo Nuevo, con una superficie aproximada de 36.000 hectáreas de las cuales ocupamos el 10 %. Es decir, la tierra no es un recurso escaso y además presenta numerosos sitios atractivos para ubicar funciones urbanas.  
Luego, hay que interpretar el clima que da forma a nuestro paisaje natural: Pocas lluvias, clima seco y ventoso da como resultado un paisaje árido y frágil, poco propicio para el desarrollo de la vida del hombre. Al exceso de sol y la falta de humedad hay que agregar el peligro de los aluviones por la abrupta bajada  que realiza nuestro suelo antes de tocar el mar.
Los vientos incrementan el polvo en suspensión complicando aún más las condiciones para la vida urbana.
No obstante, en condiciones parecidas, grandes ciudades han crecido, se han desarrollado y evolucionado con una excelente calidad de vida para sus habitantes, por ejemplo la ciudad de Mendoza, donde los responsables imaginaron formas, técnicas,  patrones de adaptación y control del clima, reales y concretas y no simples frases del marketing turístico.  
Finalmente, hay que reconocer un modo deseable de vivir en Madryn, revisando con espíritu crítico nuestra experiencia, identificando contribuciones positivas y negativas, sumando las aspiraciones de los nuevos madrynenses.

Si nos permitimos revisar las cuestiones instaladas, ciertos puntos de partida equivocados  y corregimos ese rumbo por su opuesto, tenemos una buena base para definir el nuevo plan de nuestra Ciudad

¿Podríamos imaginarnos una ciudad de cara al mar, a largo de nuestro Golfo, con construcciones que crecen aterrazadas aprovechando nuestra topografía, con parcelas de 800 y 1.000 metros cuadrados, conectados por calles de 20 metros con calzadas extensas, con todas sus calles pavimentadas, con sus parques industriales tratados como parques verdes urbanos, con nuevos centros comercial planificados en lugares estratégicos del territorio?  
¿Podemos imaginar una “ciudad - bosque” que nos de sombra y reparo, que mejore el clima de la ciudad y el paisaje urbano, en fin… construir un oasis verde en el desierto patagónico y a orillas del Golfo Nuevo?   Hay quienes opinan que una propuesta como esta resulta inconveniente porque supone mayor consumo del territorio y mayor costo de servicios. A mí me parece una opinión prejuiciosa y mezquina. Prejuiciosa porque se afirma como verdad absoluta sin analizar los costos económicos reales, especialmente con respecto a los servicios, y mezquina porque solo por reducir costos de inversión inicial en servicios, condenamos a los madrynenses del futuro a vivir con menor calidad de vida… Me recuerda aquella decisión de reducir el ancho del pavimento de 14 a 9 metros para hacer más cuadras pavimentadas- Hoy sufrimos todos los madrynenses ese “inteligente” aprovechamiento de la inversión.        


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