LA COYUNTURA Y LAS OBRAS PUBLICAS.

La obra pública tiene sentido si está ordenada al conjunto. Aislada, pierde sentido

LA COYUNTURA Y LAS OBRAS PUBLICAS.

El drama de la gestión municipal corriente es que se desarrolla sin rumbo, acosada por los afanes de cada día, atendiendo solo a lo coyuntural, mirando los problemas por el ojo de la cerradura del interés inmediato. Y así no hay salida. La única compensación –sicológica, pero no válida- de los funcionarios, parece cifrarse en la realización de obras (y muchas veces solo en los anuncios de las obras).

Obras y más obras, para acallar la voz de la conciencia que les debería decir ¿no estarás obrando sin ton ni son? ¿Has medido bien las prioridades que deberían justificar una obra antes que otra? ¿Esta nueva obra no se volverá contra tus buenas intenciones a causa de que aislada -o fuera de contexto- son más los problemas que genera que los bienes que produce? ¿No hubiera sido mejor invertir ese dinero en un estudio de base que permita conocer la ciudad tal cual es, metro por metro, habitante por habitante, problema por problema, de modo que toda las obras futuras se inserten operativamente como un organismo vivo (un plan integral en respuesta de un modelo de ciudad) en vez de como prótesis que tarde o temprano pueden producir rechazo?

El valor de una gestión constructora –tentación de los intendentes cuando disponen de fondos- radica no en el mérito volumétrico, en la cantidad de obras realizadas, cuanto en la inserción adecuada a un conjunto de realizaciones. Las acciones aisladas sin esa articulación funcional pierden valor, y proporcionalmente son menos valiosas cuanto más numerosas. La obra pública tiene sentido si está ordenada al conjunto. Aislada, pierde sentido…aunque pueda ganarse en el terreno demagógico (¡tan normal en estos días!)

Esto debe entenderse bien porque si no se lo comprende, se confunde lo que es un medio con lo que es un fin, la técnica con lo que es una meta, la herramienta con lo que es un objetivo. Aquí no hablamos de medio, de técnicas o herramientas sino todo lo contrario. Nos proponemos plantear la cuestión de los fines como premisa inexorable para que la acción –en este caso municipal- se ordene a ellos y no ande a tientas y a locas…

Un Urbanista no es un político. Tampoco es un técnico en estado puro porque no puede completar su trabajo sin la colaboración, el apoyo y la autoridad del poder público. En estricto sentido no puede hacer propuestas si no cuenta con los lineamientos generales que encuadran la gestión municipal. Porque si éstos faltan, de algún modo va a terminar por sustituirlos con su leal saber y entender (en el mejor de los casos, en la mayoría de los casos se orientan sobre discursos de ocasión). Esto puede ser lo acertado pero no es lo correcto y menos aún lo perdurable.

Para que una herramienta (el urbanismo) sea bien utilizada, es menester que el que la requiera (el municipio) tenga un requerimiento preciso. Yo pido un martillo si tengo que colocar un clavo; si pido el martillo sin un requerimiento concreto, la herramienta podrá ser todo lo buena que se quiera, pero no servirá. Esto es lo que sucede cuando los municipios encargan un plan regulador (un plan estratégico, un plan de desarrollo urbano, un plan maestro) y luego duerme en los cajones de las oficinas. O bien, lo que ha ocurrido es que las metas finales a las que –implícita o explícitamente- se ordena el plan no se compadecen con las que sustentan las gestiones comunales…

Sabido es que la virtud principal del político es la prudencia –aunque no entendido en el sentido vulgar, que se ha reducido erróneamente a cauteloso, meticuloso, timorato- sino en el sentido correcto de actuar con sabiduría, con la sabiduría necesaria para poder aplicar en cada caso particular el saber general.

En consecuencia, el gobernante prudente necesita hacer este ejercicio de lo general y luego -en posesión de los elementos del caso- aplicar los principios a la realidad concreta. Y para esto también necesita del urbanista. Solo él podrá completarle -mediante sus métodos de análisis- el conocimiento exhaustivo de la ciudad.

Patricio Randle Tomado parcialmente de la Revista Civilidad Año II Nº 15) Arquitecto (UBA, 1950). Profesor Titular de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo (UBA). Director de la Fundación Argentina en la Ciudad Internacional de la Universidad de París. Asesor técnico en la Delegación Argentina ante la UNESCO y Director de UNIUR (CONICET).

Cursiva y negrita son agregados del Director de Candelario


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