Sordos Ruidos de Campaña

Me gusta pensar a los políticos como buenos administradores del dinero público. Transparentes y respetuosos de quienes aportan el dinero de sus impuestos para cubrir desde los sueldos de los cargos políticos y el de los empleados, hasta las obras públicas que ejecutan y los servicios públicos que brindan

Sordos Ruidos de Campaña

Por estos días arrecian los discursos de los candidatos en todos los medios de difusión posibles. Claro, los oficialistas tienen más espacio que los otros, gozan de titulares más benévolos y más amigables entrevistas. Cada día aparecen con un titular más amable. Los otros también, pero no tanto. Mejor dicho, mucho menos.

Adicionalmente, los más “oficialistas” se cuidan de no  molestar al candidato oficial con notas que puedan molestarle. ¿Lo cuidan al candidato o cuidan “la pauta publicitaria” secreta que reciben? ¿Sabe Usted cuánto cobran los medios por difundir esos “actos de gobierno” del candidato? No se sabe. ¿Lo sabrán los concejales, que son quienes tienen la responsabilidad –por eso cobran sus sueldos- de vigilar el buen uso de los dineros públicos? Lo que si sabemos todos es que ese dinero no es del candidato sino de los contribuyentes. Y se nos debería informar sobre su uso detalladamente.

Así las cosas, la campaña no parece ni muy democrática ni muy transparente. Ni muy responsable tampoco. Observe estimado lector que los candidatos oficialistas no han pedido licencia en sus cargos, que –lógicamente- son de tiempo completo, tal como también resulta “trabajar” en la campaña política. Es una ofensa a la inteligencia de los vecinos suponer que ambas tareas las pueden desempeñar simultáneamente.

Hace unos años atrás el Presidente de Costa Rica, Luis Guillermo Solís, emitió un decreto mediante el cual prohibió la inclusión de su nombre en placas y en obras públicas como puentes, carreteras y edificios, además afirmo que no quiere que su retrato sea colgado en las oficinas gubernamentales. También quiere que los ciudadanos recuerden que quien hace posible la construcción de infraestructura no es el gobierno sino el dinero de los impuestos de todos los contribuyentes. ¡Qué rareza para nuestros políticos, quienes se esfuerzan hasta el ridículo para recordarnos que fue su “gestión” la que hizo tal o cual obra! Claro, siempre con el dinero que aportamos los contribuyentes. Pero eso no aparece en el cartel. Caramba, ¡que olvido!

Me gusta pensar a los políticos como buenos administradores del dinero público. Transparentes y respetuosos de quienes aportan el dinero de sus impuestos para cubrir desde los sueldos de los cargos políticos y el de los empleados, hasta las obras públicas que ejecutan y los servicios públicos que brindan. Explicando minuciosamente sus decisiones para justificar el gasto, demostrando el uso eficiente de los recursos y lograr resoluciones de calidad.

Sin embargo, la realidad me dice que mi pensamiento por ahora es una utopía. Creo en cambio que el escritor Mario Vargas Llosas describe mejor a nuestros políticos cuando a propósito del suicidio de ex presidente del Perú Alan García, afirma en su editorial del diario el país del pasado 21 de abril, que “mucho me temo que participaba de esa falta de escrúpulos, de esa tolerancia con los abusos y excesos tan extendidos entre los dirigentes políticos de América Latina que llegan al poder y se sienten autorizados a disponer de los bienes públicos como si fueran suyos, o, lo que es mucho peor, a hacer negocios privados aunque con ello violenten las leyes y traicionen la confianza depositada en ellos por los electores”.

Me parece (lamentablemente) que Don Vargas Llosas, acertó.

Ojala alguien me demuestre que no es así y que Madryn es una excepción entre los dirigentes políticos de América Latina.


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