Madrynzuela

Convivimos. La cuestión es cómo convivimos. Es lo que hace la diferencia. Pudimos ser una ciudad modelo. Pero no lo somos. En todo caso somos una ciudad que ha cambiado sus sanas reglas históricas de la convivencia por unas reglas basadas en el oportunismo, la agresión y el avasallamiento de los derechos de unos vecinos sobre los derechos de los otros vecinos

Madrynzuela

No hay ciudad sin habitantes como no hay ciudad sin actividades económicas, como no hay ciudad sin territorio. El continuo de edificios, calles y plazas es el escenario de nuestra vida. En Madryn también las playas -las cercanas y las lejanas, las de arena fina, las de canto rodado y las de acantilados- son el escenario de nuestras vidas. En esos lugares, transitamos, jugamos, estudiamos, trabajamos, paseamos, debatimos, acordamos, en fin…convivimos.

Convivimos. La cuestión es cómo convivimos. Es lo que hace la diferencia.

En el Madryn histórico existían unas reglas de convivencia que se cumplían naturalmente, sin esfuerzo: por ejemplo, barrer la vereda por las mañanas, pintar la casa una vez al año, podar los árboles en el invierno, cuidar el jardín o la quinta, reparar la vereda, levantar la pared medianera sur –porque la norte la construía el vecino-, cuidar que el portón abra y cierre bien. Todas ellas eran tareas incorporadas al buen vivir cotidiano de forma tan natural como el caminar.

Cuando un equipo de fútbol de la ciudad debía viajar a una localidad vecina, se viajaba en un camión y se pasaba por la plaza a cargar los bancos para hacer el viaje sentado. Al regreso se colocaban nuevamente en su lugar sin daño alguno.

Se disfrutaba un día de playa dejando la ropa y otras pertenencias en la arena a primera hora de la mañana. Al regreso -a última hora de la tarde- todo estaba en su lugar y no faltaba nada.

Era una manifestación de cuidado y cariño a la ciudad y a la Comunidad. Era una Comunidad bien educada para la convivencia, aunque la mayoría de sus habitantes no había pasado el nivel primario de enseñanza.

Desde el Municipio también se cumplían algunas reglas no escritas en las ordenanzas –que eran pocas y claras-: se fumigaba la ciudad y la playa antes que llegaran los calores, se plantaban y cuidaban flores en la plaza, se podaban los árboles de las veredas. El placero y el barrendero eran personajes conocidos de la ciudad y de total confianza. Se publicaban las cuentas municipales. El empleado público era un servidor público.

No cumplir esas reglas de convivencia era una falta social grave. Al “infractor” se le miraba de reojo y los vecinos se preguntan ¿qué le pasara para estar tan descuidado? Por supuesto que caía su prestigio –y el de su grupo familiar- en la consideración de la Comunidad.

Hoy en día la tecnología ha expandido las posibilidades de lograr confort y bienestar en la vida diaria, superando incluso la oposición entre lo urbano y lo rural. La alternativa de vivir en ambientes rurales -con las calidades de la vida en la ciudad- hoy es posible por el formidable desarrollo tecnológico. En Madryn también. Ahora convivimos en el mismo lugar que en el Madryn histórico, con un escenario modificado, ampliado, modernizado, donde lamentablemente queda poco de aquellos rincones significativos del viejo Madryn.

Pero lo más notable no es el cambio en la forma de vida que produjo la tecnología, sino el enorme cambio que se ha producido al haber perdido aquellas reglas de convivencia.

No existe más el placero; y el barrendero es un perfecto desconocido (a veces un puntero político). La plaza ya no tiene más flores. No se fumiga más y la poda es mínima y controvertida. Pocos se preocupan por tener la vereda sana y en buen estado, mucho menos por mantenerla limpia y aseada. El árbol en la vereda y el jardín a la calle son especies en extinción.

En cambio lo que tenemos es una agresión creciente a la Comunidad y a la Ciudad.  Calles descuidadas, tránsito caótico, irracional, destrozos en la vía pública, graffitis ofensivos a mansalva, invasiones de terrenos toleradas y a veces alentadas por dirigentes oportunistas que de madrynenses tienen solo el discurso, una telaraña de cables entre los peatones y el cielo que se entrecruzan ofendiendo nuestra condición de seres racionales, enganchados que roban electricidad a la vista de toda la Comunidad.

Convivimos. La cuestión es cómo convivimos. Es lo que hace la diferencia.

Pudimos ser una ciudad modelo. Pero no lo somos. En todo caso somos una ciudad que ha cambiado sus sanas reglas históricas de la convivencia por unas reglas basadas en el oportunismo, la agresión y el avasallamiento de los derechos de unos vecinos sobre los derechos de los otros vecinos. Nuestros dirigentes no solo no condenan las acciones agresivas, sino que las toleran y lo que es peor, las promueven. Se ocultan las cuentas públicas, nadie sabe cuántos sueldos municipales se pagan. Nunca tuvimos tanto empleado municipal, tantas ordenanzas, tantos tramites irracionales y burocráticos. Nadie sabe porque se hacen unas obras públicas y no otras. Jamás se explica cómo se gasta el dinero público que aportamos Usted y yo.

Avanza Madryn…en dirección a…¿Madrynzuela? 


¿Que te pareció esta información?