Delicias de la vida del buen vecino

El camino más corto entre 2 puntos es una recta…y el más largo es la burocracia.

Delicias de la vida del buen vecino

Certificado de libre deuda, constancias de dominio, la factibilidad de energía eléctrica, la factibilidad sanitaria, el certificado de numeración domiciliaria, la solicitud de inspección, la planilla de valuación fiscal, el permiso de conexión, la habilitación comercial, el certificado sanitario, el estudio del  impacto ambiental, el informe de bomberos, el certificado de antecedentes, permiso de ocupación de la calzada, permiso de apertura de vereda,  de ocupación de vereda, certificados de habilitación comercial, de habilitación profesional, de venta e inscripción de venta, de denuncia de venta, la declaración jurada mensual, la declaración jurada anual, son sólo algunos de los tantos trámites que los vecinos contribuyentes están forzados a llevar a cabo para desarrollar una actividad económica lícita en la ciudad.

El trámite no tiene límite de tiempo. A veces puede durar meses y aún años. Mientras tanto le obligan a inmovilizar su actividad o a desarrollarla en situación precaria y/o ilegal. En esa trama burocrática el vecino es obligado a “trabajar” de cadete de la administración peregrinando de una oficina a otra, de un edificio a otro y en ocasiones a dirigirse a otras ciudades para conseguir el “papel” que le pidieron.

Nunca queda muy claro cuando termina el trámite porque en muchos casos la finalización queda a criterio del empleado encargado del trámite ya que no existe una legislación de calidad, clara y unificada, por lo tanto el empleado debe “interpretar” el expediente para concluir el trámite. El problema con esto es que no siempre los ‘jefes’ opinan lo mismo, y –por propia inseguridad- quieren estar 200% seguros de que la determinación que están tomando se ajusta a derecho. El resultado: los días pasan y las inversiones quedan congeladas.

La situación con frecuencia se agrava cuando por algún motivo el caso no “encuadra” en la legislación y necesita una “excepción” para regularizar su situación. En ese caso, el trámite comienza a recorrer el resbaladizo camino de la interpretación legal y la sanción de una ordenanza de excepción. Aquí generalmente pasaran meses sin definición. Tendrá que visitar a los concejales, quienes le escucharan con atención y luego consultarán a su jefe político si le dan o no la excepción (recuerde que aquí el pensamiento propio es un pecado mortal).

Muy probablemente el expediente luego de pasar por el Concejo Deliberante para Ordenar la “excepción” será girado al Tribunal de Faltas, quien le impondrá una multa (porque legalmente usted es un trasgresor o por lo menos alguien al margen de la ley) que Ud. no podrá discutir porque le dirán que si se opone y quiere ejercer su derecho de defensa tendrá que esperar el turno para la audiencia y la multa le sale el doble (porque nada le garantiza un fallo razonable). Una pequeña extorsión aceptada (¡una más!). Conclusión: Click. Caja. Ud. paga y vuelve redimido al mostrador donde inicio el trámite a esperar varios días –a veces varias semanas- a que llegue el expediente.

Todo este embrollo burocrático es tan irracional como normal y habitual. Pero a veces…se cae el sistema, o no encuentran el expediente, o falto el empleado clave, o se fue de vacaciones…entonces el empleado que lo atiende se queda esperando en su lugar de trabajo, alternando mate con bizcochitos y con la mejor cara de “yo no soy responsable de nada”. Le dirá que vuelva mañana, que él nada puede hacer y que si usted no está conforme puede ir a quejarse al mismo Intendente.

Como se imaginará estimado vecino esta situación de burocracia instalada y tolerada genera –además de su lógico malhumor y tiempo perdido- un incremento del gasto público, una multiplicación de empleados, mayores erogaciones en aportes previsionales, en la compra de materiales y suministros para la prestación de los  servicios municipales (claramente ineficientes) y demás gastos generales, como el uso de vehículos, mobiliario, computadoras, la energía eléctrica, agua potable, etc., que… ¿adivine quien lo paga?... ACERTÓ. Usted cuando paga sus tributos municipales. Es sencillo, Usted paga más por un servicio peor.

Pero la mayor paradoja, es que la mayor parte la información que se  le pide al vecino ya existe en el Municipio –sino no podría emitir y cobrar los impuestos inmobiliarios y de automotor- y la información restante la obtendrían fácilmente si unificaran su base de datos con otros organismos que intervienen en la tramitación.

Pero, ¿se enteró que algún candidato proponga seriamente cambiar estas delicias de la vida madrynense? ¿Será por ignorantes o porque nuestros candidatos ven solo votantes donde hay vecinos?

 


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