Periodismo, Poder y Comunidad

A poco mas de tres años del fallecimiento de Umberto Eco y pocos días de la celebración del día del periodista, el filosofo con sus ideas nos invita a reflexionar sobre nuestro periodismo local.

Periodismo, Poder y Comunidad

Nos recuerda el filósofo Umberto Eco que el periodista no tiene el deber de la objetividad, sino el de ofrecer un testimonio haciendo explícito lo que piensa. Debe advertir al lector que lo que dice no es la verdad, sino su verdad, una entre otras posibles.

Por lo tanto, la objetividad periodística es un mito. Un diario hace interpretación no sólo cuando mezcla un comentario con una noticia, sino también cuando elige cómo poner en página el artículo, cómo titularlo, cómo acompañarlo de fotografías, cómo conectarlo con otro artículo que habla de otro hecho; y sobre todo un diario hace interpretación cuando decide qué noticias dar (que noticias ocultar).

Afirma Umberto Eco que no son las noticias las que hacen el periódico, sino el periódico el que hace las noticias, y saber juntar cuatro noticias distintas significa proponerle al lector una quinta.

Para él, la función del cuarto poder es controlar y criticar a los otros poderes tradicionales, pero puede hacerlo sólo porque su crítica no tiene funciones represivas. Los medios –dice– pueden influir en la vida política de un país solamente creando opinión. Los periódicos no son un órgano al servicio del público, sino un instrumento de formación del público.

En su libro Número Cero, uno de los reporteros afirma: Los periódicos no están hechos para difundir, sino para encubrir noticias. Para ello recurren, entre otras cosas, a ahogar la noticia en un mar de información. Son, también, una máquina de fango que, para desacreditar a alguien, no requiere de lanzar acusaciones muy graves. Les basta con sembrar una sombra de sospecha sobre el comportamiento cotidiano de sus presas.

Umberto Eco fue un crítico implacable de las redes sociales, que permiten que la opinión de los necios tenga la misma relevancia que la de un premio Nobel. Son –dijo– un instrumento peligroso porque no permiten identificar a quien habla. Puso en duda que haya mejorado el periodismo porque es más fácil encontrar mentiras en Internet que en una agencia como Reuters. Ahora todos los que habitan el planeta, incluyendo los locos y los idiotas, tienen derecho a la palabra pública.

Uno de los fenómenos negativos asociado a la importancia de las redes sociales es la extensión del síndrome del complot. “El complot nos consuela. Nos dice que no es culpa nuestra. Que algún otro organizó todo. Hay complots por todas partes. Están basados en fantasías y son falsos’’

Con este panorama que nos brinda Umberto Eco, cabe preguntarnos: Y en Madryn, nuestro periodismo ¿Genera opinión de calidad? ¿Controla a los poderes políticos con independencia de criterio? ¿Son un instrumento de formación del público?

O por el contrario, encubren noticias, ocultan otras, discriminan y desacreditan a quien opina diferente que el oficialismo, todo a cambio de un puñado de pesos (a veces mensualmente millonario) de dinero suyo y mío que reciben por la publicidad oficial?  ¿Debe existir la publicidad oficial? ¿En qué medida?

¿Vio que de estos temas nunca hay noticias?


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