CARTA IMAGINARIA A MANUEL BELGRANO

CARTA IMAGINARIA A MANUEL BELGRANO

Estimado Manuel, hoy y en oportunidad de estar congregados con  jóvenes alumnos a los cuales se les tomara la promesa  de lealtad a  la bandera que Ud. nos legara;  quisiera decirle, que hasta hace unos años no conocía mucho de Ud. o por lo menos, lo único que sabía  que había sido el creador de la bandera y  además arquetipo-hacedor de la Revolución de Mayo y destacado conductor militar en la guerra por la Independencia.

          Solo conocía, o en su tiempo  me enseñaron que Ud. apenas había sido militar por accidente, pero lo más importante no me lo expresaron:   Que fue abogado, periodista, político, educador y un brillante economista e industrialista.

          La historia tardo en correr el velo que permitiera describir otros aspectos muy ricos de su personalidad y de su actuación que admite múltiples lecturas  que los jóvenes de hoy deberían saber.

          En nuestros días conocemos que Ud.  fue el primer hombre público con visión Americanista, interesado en importantes ramas del saber y la ciencia que posteriormente facilitarían el desarrollo y futuro de la región.

        Que en sus 12 años de labor en el Consulado de comercio -a partir de 1794- designado por Carlos III, como secretario a perpetuidad, expresaba en sus tantas memorias: “una regular educación es el principio de donde resultan ya los bienes y los males de la sociedad y que uno de los principales medios que se deben adoptar a este fin son las escuelas gratuitas”.

         Me imagino de su preocupación en la creación de escuelas de primeras letras cuando manifestó “la enseñanza es una de las primeras obligaciones para prevenir la miseria y la ociosidad y que, de no cumplir con su deber tan santo, faltan a todos los derechos y se hacen reos ante Dios y la sociedad”

         Señalo también  en 1810, en un artículo del diario  Correo de Comercio de Buenos Aires, que Ud. dirigiera que: “los jueces deben obligar a los padres por todos los medios que la prudencia es capaz de dictar, a mandar a sus hijos a la escuela”; Asimismo  sugiere alternativas de financiamiento y de costos posibles para asegurar la educación en todo el virreinato.

        Además  patrocino con mucha energía la creación de una escuela de Geometría, arquitectura, perspectiva, dibujo y  de una escuela de náutica, hecho que se concretara muchos años después y que se llama hoy  Escuela de Náutica Manuel Belgrano. Fíjese que   sugestivo, está situada en Buenos Aires,  muy cerca de donde Ud. naciera.

Del mismo modo,  en 1811 redacto el reglamento para el régimen político y administrativo de los 30 pueblos de misiones.  De cuya lectura emanan principios fundamentales que informan el derecho constitucional moderno y el estado de derecho – hoy vigente en la constitución provincial de misiones – sancionada en 1958.

          Es tan notable su claridad de hechos y pensamientos que cuando redacto el primer reglamento de educación, en el trayecto de la campaña al norte, en 1812, Ud.  enfatizo que al maestro, a quien consideraba padre de la patria, se  le otorgara un sueldo digno  y una prerrogativa  para que en cada  fiesta patria tenga un lugar de privilegio en el estrado del cabildo.

          Quisiera adicionarle que en la memoria colectiva de nuestro paisanos, como Ud. gustaba referirse a los criollos, subyace la idea que fue Domingo Faustino Sarmiento el propulsor de la educación en el país, pero debo admitir, al analizar profundamente su quehacer educativo que Ud. don Manuel fue  un educador excepcional no reconocido que, ante una situación que le toco vivir en su época; intento propiciar ventajas de la formación y la instrucción educativa.

          Señor Manuel…por mucho tiempo no se supo que renuncio por su sueño de tener un país libre al de conformar una familia, con una joven tucumana con quien tuvo una hija y a la que le dio su nombre y apellido, pero a las que nunca pudo volver a ver.

           Tampoco se conocía  que   en circunstancias de ser  designado por el triunvirato,  Comandante del Regimiento de Patricios decía: “Procurare hacerme digno de llamarme hijo de la patria. En obsequio de esta, ofrezco la mitad del sueldo que me corresponde”

            Ah!!, también,  luego del triunfo de la batalla de salta, la Asamblea General Constituyente lo premia con la cantidad de 40.000pesos.¸ Ud. al tomar conocimiento de ello, escribe de inmediato con el fin de que con dicha suma se destine a la construcción de cuatro escuelas públicas, de primeras letras y además redacta el reglamento para las mismas.

            Me acongoja  conocer que Ud.  hijo de un comerciante próspero  y con todos los lauros obtenidos por el servicio de la Patria  explicitados en esta misiva  y en su corta vida;  murió en la extrema pobreza, pagándole a su médico con lo último que le quedaba:  su reloj personal. Y que la lápida que  tuvo su tumba, fue el mármol de una cómoda. Pero aún  mucho más, solo un periódico dirigido por el padre Castañeda dio cuenta de lo ocurrido, diciendo:

 “Es un deshonor a nuestro suelo, es una ingratitud que clama el cielo, el triste funeral, pobre y sombrío que se hizo en una iglesia junto al rio, al ciudadano ilustre General Manuel Belgrano”

             Bueno, Señor Manuel,  esta  misiva  imaginaria está  llegando a su final…….como Ud. decía en la mayoría de las cartas que escribió a lo largo de su vida:  Suerte que existen para la posteridad,  están registradas y firmadas de puño y letra!!!.  Obvio es decir que la historia por  su proceder la escribieron quizás  los que no lo conocieron. Por ello  sus epístolas  vigentes hoy, muestran  de su gestión dedicada, clara y transparente

             Solo me resta decirle que como ciudadanos comprometidos -hoy  incluyo a estos jóvenes alumnos para que estén inspirados-  con nuestro pasado, responsables de nuestro presente y  esperanzados en nuestro futuro. Que logren mantener vivo  su legado y aprendan a transmitir, en el lenguaje de las próximas generaciones, los valores y virtudes que formaron su personalidad.


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