Sobre los Médicos cubanos

Una reflexión de Bruno Sancci sobre el ejercicio de la medicina de los cubanos en el extranjero. Derechos de los trabajadores y la salud como un bien de cambio

Sobre los Médicos cubanos

 

En el contexto de la pandemia se discutió de forma acalorada sobre la presencia de médicos cubanos en nuestro país con el objetivo de reforzar el sistema de salud nacional de cara a los brotes del coronavirus.

El Decreto 260/2020 de Emergencia Sanitaria, publicado en el Boletín Oficial el 12 de marzo, faculta al Ministerio de Salud de la Nación a “autorizar en forma excepcional y temporaria, la contratación y el ejercicio de profesionales y técnicos de salud titulados en el extranjero, cuyo título no esté revalidado o habilitado en la República Argentina”.

Algunos políticos y figuras públicas de país apoyaron de forma abierta la iniciativa, mientras que otros sectores, sobre todo de la oposición, mostraron su disconformidad expresando públicamente que se trataba de espías de un régimen dictatorial a los cuales.

El gobernador de Buenos Aires, Axel Kicillof aclaró que no entrará en “discusiones ideológicas” respecto de la ayuda cubana, mientras que el ministro de Salud de la Nación, Ginés González García, señaló que “en circunstancias en las que hay enormes dificultades no veo por qué discriminarlos (a los médicos cubanos) por el lugar de procedencia”.[1] En esta línea, un grupo importante de personas como Estela Carlotto, de Abuelas de Plaza de Mayo, la escritora Stella Calloni y el sociólogo Atilio Borón, entre otros, juntaron firmas para apoyar la misión médica cubana en Argentina.

Una tercera posición la tuvieron muchos médicos y autoridades de la Confederación Medica Argentina, en base a objeciones legales y sanitarias, destacando que por ser extranjeros no estaban autorizados a ejercer la medicina de forma legal y tendrían que someterse a un protocolo de reválida de sus matrículas conforme lo establece la legislación.

A partir de allí las discusiones pasaron a darse en torno a la calidad de los profesionales.  Mientras unos decían que su formación era intachable, otros las ponían en duda y recordaban también la injerencia que estos profesionales habían tenido en lugares como Venezuela y Brasil. Se puede afirmar que el apoyo u oposición de los primeros dos sectores fue de carácter más que nada político e ideológico.

Pero muy pocos se informaron de la compleja realidad en la que se inscribe el programa de ayuda médica… ¿Qué es lo que realmente sucede con los profesionales cubanos y cuáles son los intereses contrapuestos que están en juego?

 

Un buen negocio: mano de obra barata y dólares

En realidad, se puede afirmar que se trata de un gran negocio del gobierno cubano. La formación de los médicos, enfermeros y otros asistentes de salud se relaciona directamente con la capacidad de exportación de una fuerza de trabajo a muy bajo costo (a veces con entrenamiento incompleto), y con grandes réditos económicos para un estado que disfraza su emprendimiento con la máscara del altruismo y la ayuda humanitaria.

Desde su desvinculación con la Unión Soviética, más de 400.000 profesionales cubanos han cumplido misiones en 164 países de África, América, Oriente Medio y Asia. El ingreso de dólares al país por la ayuda médica normalmente triplica lo aportado por el turismo internacional. Según distintas fuentes, se calcula que hay unos 28.000 médicos cubanos en 59 países de los cuales 37 han presentado casos de coronavirus.

Independientemente de la calidad de la formación de estos profesionales o su capacidad para manipular elementos tecnológicos que mayormente desconocen, se trata de armar delegaciones cerradas con una suerte de códigos que digitan la vida de los enviados y que, en caso de romperse, aplican castigos severos a los participantes.

Mientras que algunos románticos de las revoluciones lo ven como el logro político de una nación autodeterminada y soberana que sufre un bloqueo en manos del capitalismo salvaje, los países capitalistas poseen una actitud mucho más pragmática al respecto, ya que pagan más barato el servicio de las delegaciones médicas que lo que ganan sus propios profesionales de la salud.

El negocio del gobierno cubano reside en la recepción de las divisas que ingresan a la isla por parte de quienes alquilan a los médicos como mano de obra barata para servicios que requieren intensidad laboral. ¿Cómo es esto?

La profesión médica es una de las más privilegiadas de la isla, ya que este grupo posee los sueldos más altos ganando un salario equivalente a unos 60 u 80 dólares si se es especialista (el salario mínimo es de 10 U$S). Pero cuando realizan las campañas al exterior pueden ganar sumas que oscilan entre los 200 a 500 mensuales.

La cuestión es que no reciben sus sueldos de manera directa, sino que son enviados a Cuba a cuentas que administran las autoridades cubanas o a cuentas en los países de la prestación del servicio, pero bajo la misma condición. Esto es importante de destacar, ya que nunca se le paga el sueldo directamente al profesional. Dependiendo del caso, según las fuentes citadas en este apartado, los médicos solamente reciben una pequeña parte de este, ya que el Estado cubano les retiene entre el 75% y el 90%.

 

Trabajos forzados, prisión y semiesclavitud

Más allá de la cuestión económica, se esconde un sistema de empleo mediante el cual se obliga a los profesionales a trabajar por un lapso promedio de 3 años, unas 64 horas semanales con poquísimos descansos. Además, se les prohíbe involucrarse en relaciones personales, afectivas u otro tipo de actividades sociales que puedan propiciar alguna deserción del régimen.[2]

Los contratos (cuando los hay) se realizan con la Comercializadora de Servicios Médicos Cubanos, S.A. que se encuentra en la Habana y el reclutamiento suele ser coercitivo.  Según mas de 400 casos relevados en una denuncia presentada a la Corte Penal Internacional de la Haya por la ONG Prisioners Defenders, solamente el 4,35% de los médicos se ofrecen voluntariamente para la experiencia, siendo que el 56,2% no se presentan voluntariamente y un 39,13% fueron al sentirse obligados de manera directa.[3]

Según esta presentación y varias declaraciones de médicos cubanos que han participado en el programa, los pasaportes de los profesionales son retirados por las autoridades cubanas para restringir la libertad de movimiento de los trabajadores cubanos en el país de destino y es vigilada por funcionarios del gobierno cubano que integran las comitivas. En este mismo sentido, también se les prohíbe llevar al exterior sus títulos universitarios.[4]

En caso de no cumplir con el contrato tratando de escapar o quedarse en el país receptor, se los manda a prisión por períodos que van a de los 3 a los 8 años (en caso de hayan escapado, se les prohíbe la vuelta por 8 años).[5]

De hecho, la Relatoría Especial Sobre Formas Contemporáneas de Esclavitud y de la Trata de Personas de la Organización de las Naciones Unidas, declaró las misiones médicas como actos de esclavitud y trabajo forzado el 6 de noviembre de 2019.[6] Señalando que “el salario entregado a los trabajadores médicos no permitiría vivir dignamente”.

La relatoría de la ONU expresa, luego de recoger 110 denuncias de médicos cubanos que “las condiciones de trabajo reportadas podrían elevarse a trabajo forzoso, según

los indicadores de trabajo forzoso establecidos por la Organización Internacional de

Trabajo. El trabajo forzoso constituye una forma contemporánea de esclavitud.”

Muchos médicos cubanos que trabajan en el exterior estarían expuestos a condiciones de trabajo y de vida explotadoras, pagos salariales inadecuados”, agregando que, “muchos profesionales reportaron recibir amenazas regulares por parte de funcionarios estatales de Cuba en los países de destino y mujeres médicas han sufrido acoso sexual mientras se encontraban participando en misiones de

internacionalización”.[7]

 

El mayor escándalo del programa se habría dado en Brasil en el marco del programa “Mais Médicos” implementado durante el Gobierno de Dilma Rousseff, en el que quedó al descubierto el trabajo forzado al que habían sido sometidos los profesionales. Circunstancia que provocó que 2.331 médicos cubanos tramiten la posibilidad de quedarse a vivir a cambio de la aceptación de reválida y legalización de sus títulos y el goce del 100% de sus salarios.[8]

 

En este contexto y aprovechando la coyuntura legal desfavorable al gobierno cubano, un conjunto de senadores norteamericanos (Rick Scott, Marco Rubio y Ted Cruz) presentaron a mediados de junio de 2020, un proyecto de ley para frenar los ingresos que Cuba recibe por sus misiones médicas, calculadas en 7.000 millones de dólares anuales.

El proyecto de ley, llamado “Detener las Ganancias del Régimen Cubano”, insta al Departamento de Estado a identificar a las naciones que reciben misiones médicas como un factor a tener en cuenta al redactar el informe sobre trata de personas en el mundo. De esta manera, por el hecho de tratarse de un mecanismo de explotación de los médicos por el régimen de la Habana, quienes contratan sus servicios baratos son cómplices de financiar trabajo semiesclavo (tal como reconoce la ONU).

Los senadores destacaron que los países anfitriones de médicos cubanos “estarán exentos de las sanciones siempre y cuando depositen directamente los salarios a los profesionales, hagan públicos los contratos” y no realicen pagos adicionales a Cuba por sus trabajos.[9]

Más allá de las discusiones sobre si hacen falta o no más médicos, sobre si es más barato traer a cubanos al país, si tienen o no título válido para el país, si pueden recetar medicamentos y éstos ser vendidos en nuestras farmacias contrariando nuestras propias leyes. Y luego de las denuncias internacionales sobre la explotación de los profesionales cubanos de la salud.  Si aceptamos su llegada bajo las condiciones contractuales analizadas en los párrafos anteriores… ¿No somos cómplices de trabajo semiesclavo? ¿No los estaremos explotando convirtiéndonos también en victimarios?



[1] https://www.pagina12.com.ar/263308-los-medicos-cubanos-y-el-virus-del-macartismo

[2] El límite máximo semanal de horas de trabajo establecido por la 24 Organización Internacional del Trabajo está fijado en 40 horas, por lo que la carga de trabajo en las misiones es un 160%.

[3] La presentación de la denuncia en la Corte Penal Internacional de la Haya fue recibida mediante el formulario OTP-CR-208/19 el 02/07/2019.  Texto de la denuncia: https://www.prisonersdefenders.org/2020/03/13/declaracion-institucional/

[4] En el caso argentino, el país aceptó lo que se conoce como Estatuto de Roma, adoptado el 17 de julio de 1.998, el cual establece los 128 artículos que configuran la Corte Penal Internacional.  La Ley 25.390 que adhiere a la CPI fue sancionada el 30 de noviembre del año 2000.

[5] Se califica como “abandono de misión de trabajadores civiles” bajo del Código Penal de Cuba que en su artículo 135 (1) estipula que “el funcionario o empleado encargado de cumplir alguna misión en un país extranjero que la abandone, o, cumplida ésta, o requerido en cualquier momento para que regrese, se niegue, expresa o tácitamente, a hacerlo, incurre en sanción de privación de libertad de tres a ocho años”.

[7] Página 3 del texto de la ONU.

[8] Para más informaciones de la renovación del programa por parte de 1.087 médicos cubanos en la página del gobierno brasilero: http://maismedicos.gov.br/noticias/318-projeto-mais-medicos-segue-com-reforco-na-aps-durante-pandemia

[9] Proyecto en la página del senador Ted Cruz: https://www.cruz.senate.gov/?p=press_release&id=5186

 


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